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El Santo Ecce Homo “Patrono de Valledupar”

El Santo Ecce Homo “Patrono de Valledupar”

Cuenta la historia que un hombre de color, procedente de Rincón Hondo, fue encerrado bajo su propia solicitud para construir una imagen grandiosa. El hombre se mantuvo aislado durante varios días sin otro alimento que una pequeña cantidad de pan y agua.

El silencio impuesto por este aislamiento acabó inquietando a la gente. Unos días después de este encierro insólito, un grupo de pueblerinos acudió al lugar para conocer su estado de salud.

La sorpresa fue enorme: el local estaba vacío, sin rastros del artesano, y además, el agua seguía intacta. En medio de la sala, destacaba una imagen imponente, labrada de manera majestuosa que, poco después, fue llamada: “El Santo Ecce Homo” (“He aquí el hombre”).

El Santo es seguido por los habitantes de Valledupar quienes vieron en ese descubrimiento el primero de una larga cadena de milagros. Entre ellos está el hecho de que el Ecce Homo sude abundantemente y que con ese sudor se pueda curar un gran número de enfermedades.

Cada Lunes Santo es un momento de fervor y exaltación. El pueblo se reencuentra con su patrono, le ruega mejoras y milagros, o simplemente, celebra su regreso con una fe y una constancia fuera de lo común. Llegan personas de otras ciudades, se aglomeran en la plaza Alfonso López y persiguen la imagen del Ecce Homo por las calles del centro histórico.

Centenares de pañuelos blancos se alzan en el aire en busca de un reconocimiento. Algunas personas se acercan a la tarima para limpiar el cristal protector del Santo con ese mismo pañuelo, otras observan cómo los hombres de las hermandades religiosas se llevan al patrono en sus hombros.

Todo parece un sueño de varias horas que deja la ciudad de Valledupar en un estado de embriaguez espiritual. Una sensación de bienestar que se repite año tras año y que muchos no consiguen explicar.

Articulo: Revista Panorama Cultural

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